Picsa

Disfrutar de una pizza al estilo argentino ya es posible en Madrid. De la mano de Pablo Giudice y Mariano Gargiulo (Sudestada) aterriza en pleno Chamberí una pizzería que bien podría estar en cualquier calle del barrio de Palermo, en Buenos Aires. El porqué del proyecto, nos cuentan, reside en la añoranza. Después de ocho años en Madrid, es lo que más echaban en falta, donde hasta la fecha no había nada parecido. Y es que no se trata de pizza sino de ‘picsa’ –como popularmente se le llama en Argentina- su masa no es fina como la romana, ni tiene nada que ver con las americanas. Es una reinterpretación de la pizza napolitana, pasada por el tamiz de los gustos y productos locales. Con la nostalgia en el bolsillo y las ganas puestas en crear un espacio como los de allí, lo que se encuentra en Picsa en una revisión de este popular bocado, con una calidad de primera. No en vano, han buscado y estudiado quesos sin descanso hasta dar con la combinación perfecta, donde hay producto gallego, de Pirineos y clásica mozzarella en diferentes porcentajes. Y lo mismo con la masa, que necesita 24 horas para estar lista. Trabajan con tres harinas diferentes (dos italianas y una canadiense) con las que han conseguido una masa aireada, que a la vista parece mucho más pesada de lo que finalmente es. Parten de una especie de masa madre, tiene una primera fermentación en frío y a la mañana siguiente se amasa a mano y fermenta de nuevo a 30°. Una vez crece en el horno, se corta la fermentación consiguiendo la prepizza, con la que se trabaja todo el día. Sobre ella, sabores argentinos pero también españoles. Más intensos, más suaves;  pizzas para todos los gustos. Buenísima la de Morrones y rúcula (tomate, queso picsa, pimientos asados, grana padano, ajo arrebatado, rúcula, aceituna negra), y la de Queso azul y setas (tomate, queso picsa, gorgonzola, trompetas de la muerte). Las pizzas están ideadas para dos personas, pero todos los días hay un par de variedades que también se pueden pedir por porciones. A los más puristas les alegrará saber que hay fainá (una masa elaborada con harina de garbanzos) que en Argentina de toma junto con la pizza en el mismo bocado. También la ofrecen en porción acompañada de carne cruda-curada, vinagreta de PX y rúcula (dentro del apartado de mezze porteño o entrante) junto a, por ejemplo, un estupendo escabeche de berenjenas o vitel tonne (aguja asada fría, con salsa de anchoas y atún). Nada se cocina con gas; todo lo que llega caliente sale del gran protagonista de Picsa, un enorme horno español de leña, como el que se usa tradicionalmente en tahonas, de Jumaco & Maestro. Sigue leyendo en Madrid Diferente…

La Contraseña

Nada hace pensar que el pequeño local que se asoma al número 6 de la calle Ponzano esconde lo que esconde. Tras una entrada diminuta aparece un coqueto espacio con barra y mesas altas en el que maderas, pizarras y mimbres se combinan con mosaico hidráulico y espejos, y con el sabor de una rica variedad de pinchos de autor. Hasta aquí podríamos llegar, pensando que acabamos de descubrir otro bar de tapas más decorado de forma impecable y con un ambiente de lujo. Pero no. Este es solo el primero de una combinación casi secreta de espacios que van desembocando en otros cada vez más espectaculares. Todo lo que toca el arquitecto Álvaro Oliver Bultó y su crew se convierte en oro. Y La Contraseña no va a ser menos. Tras un estrecho pasadizo se accede a una amplia sala de inspiración colonial que hace las veces de epicentro del restaurante. Sus múltiples ambientes (desde mesas para grupos hasta rincones más íntimos) acogen una carta mediterránea y dinámica de la que se responsabiliza el chef  Javier del Castillo. Se trata de un listado de platos muy bien pensado para un picoteo inicial, un plato individual y para volver a compartir los postres. La burrata sobre tartar de tomate, los rollitos de capón y las croquetas de carabineros podrían ser la primera parte; seguida de unos ligeros raviolis de pato y boletus con salsa de trufa, un tataki de atún con algas o un risotto mar y montaña. El toque dulce lo pone un divertido brownie presentado en forma de macetita, y unas sabrosas fresas estofadas con vainilla. Tanto si hace sol como si llueve, si es de día como de noche, el patio interior acristalado es la zona estrella de La Contraseña, y precede a lo que era una antigua vaquería de Chamberí, transformada ahora en un área un tanto más formal desde la que se divisa todo lo anterior entre alacenas que guardan antiguas cristalerías y vajillas familiares. Sigue Leyendo en Madrid Diferente…

Mama Campo

De la tierra a la mesa pasando por un supermercado propio. El concepto que presenta Mama Campo es pionero en Madrid, no solo por el hecho de que restaurante y tienda están interconectados y se nutren mutuamente, sino porque además lo hacen con materias primas ecológicas provenientes de pequeños productores, seleccionados personalmente por Nacho Aparicio y su socio, David Yllera de la Concha. Todos, como no podía ser de otro modo, de una calidad excelente. Son dos negocios en uno. Tres, si contamos que van de la mano con La Cocinita de Chamberí, el espacio de nutrición infantil. Y los tres en torno a la Plaza de Olavide. Existe la opción de comprar y llevar a casa una variedad de verduras, especias, pastas, carnes, conservas y hasta alcoholes nacidos en cultivos naturales, sin presencia de químicos y a un precio que se equipara al del común de los mercados. Y es que esa era la idea inicial de Nacho, acercar a la gente los buenos productos y quitarles el miedo a lo ecológico en cuestión de costes. Si no nos apetece cocinar, no hay problema. Dani Larios (ex chef del estrellado El Pirata en Londres) lo hace por nosotros apenas a unos pasos de la tienda. Sigue leyendo en Madrid Diferente…